Diario de Hellboy, paseo por Latveria. (Primera parte de "El imperio de Muerte")
Mi nueva misión estaba bastante clara, el cementerio estaba oscuro y Latveria dormía esta fría noche de verano. Se comentaba que por aquí, en el Panteón de un tal Von Doom, se había abierto un portal que conducía hasta el mismísimo infierno, donde habita el bastardo de mi padre. Maldito soplagaitas, así ardas más tiempo en tu estúpido rincón.Por fín encontré el dichoso Panteón, si queréis mi opinión, es el más pretencioso que he visto en mi larga y azarosa vida, menuda pasta que debe tener el cabrón. Los gilipollas de mi organización me han dado todo tipo de instrumentos para forzar la puerta, ¡¡qué coño!! Un fuerte manotazo con mi querida mano derecha y se acabó, a la mierda las sutilezas, que el cementerio está a las afueras de este puto pueblo y el castillo todavía más, nadie puede oirme, a no ser que los muertos estén despiertos, que no sería la primera vez.
Una vez dentro, había una gran estatua adornada con unas vestimentas verdes muy raras, la tumba se encontraba debajo, será mejor que vea qué hay en ella.
...
Nada... ni siquiera telarañas, es la tumba más limpia que haya visto, y mira que me he paseado por varias. Cuando de repente, la puta armadura me cogió del cuello y me frió con un profundo electroshock, ¡¡¡la madre que le parió, había alguien dentro!!!
-Cabronazo, me has hecho daño, pocos han vivido después de esto, te voy a convertir en una lata de sardinas.
-A Muerte le hablas con respeto, sobre todo si te encuentras en su mausoleo, ¿con qué permiso te atreves a entrar en mi más preciada posesión, rojo?
-Hábrase visto el cabeza-lata este, que me llama rojo y todo, yo te mato.
-Pídeme perdón por la afrenta.
Me abalancé contra él y el puto mamón sacó un cuchillo que hundió en mis tripas, era más rápido de lo que parecía y encima supo cómo esquivarme, este no era un cualquiera.
-Ugh...
-Te lo vuelvo a repetir, pídeme perdón y te seré clemente.
-Métete ese cuchillo por donde no te da el sol, porque la próxima vez te costará mucho más darme.
Esta vez es él quien se acerca a mí, logro zafarme y agarrarle el brazo, se lo doblo por el lado contrario del que debería, escucho su grito de dolor y eso hace que recobre fuerzas, le agarro por la cabeza, él me pega una patada en la puta herida (>dios<), pero hago caso omiso al dolor y logro tirarlo contra su precioso Panteón.
-¿Y ahora qué, pigmeo?
-Ahora... no saldrás vivo.
El maldito... parece como si no le hubiese hecho una maldita cosa, ni se inmuta, ataca con saña, llego a acojonarme por su iniciativa, parece que no sienta mis golpes y por tanto que trato de abollar la puta armadura, no lo consigo, hasta que por fin logro darle con la mano buena (la grande, claro) y consigo hundir sus putas tripas. Empieza a lamentarse y cae al suelo, creo que le he vencido.
-Puto cabrón de mierda, lo que me has costado...
Mi herida se había abierto, estaba sangrando mucho, no podía seguir así, decidí marcharme de vuelta a la organización. Lo que más me jodía es que la misión había sido un fracaso, no había encontrado el puto portal, cuando de pronto... se abre una puta luz detrás de mí y juro que he podido sentir la risa de mi padre, ¡¡¡el portal estaba abierto justo delante de mis narices, y de él salía el mamón cara de lata!!!
-JODER, ¡¡creía que la habías espichado!!
El hedor era demasiado fuerte, el azufre me echaba atrás, cuando de pronto encuentro que... ¡¡¡salieron veinte más, todos iguales!!!
No pude hacer nada, me atacaron todos al unísono y aun puedo sentir sus risas y sus cuchillos clavándose sobre mí, no podré olvidar nunca el chorro de sangre que brotó por la cuenca de mi ojo izquierdo al desprenderse de su lugar, fue atroz, solo pude ver (con el ojo bueno, claro), al final, como todos se apartaban y veía que ninguno tenía una mirada humana, solo el que estaba en medio, contemplando lo que quedaba de mí. Me cogió la cabeza y me dijo:
-Infeliz, gracias por venir. Vas a tener una larga estancia junto a tu querido papá.
Y entonces... no recuerdo más.
Epílogo: Ahora estoy encadenado en el infierno. Me estoy acostumbrando al dolor. Puedo ver al tipejo ese de mierda con mi brazo, hablando con mi padre, al que llama Mefisto. Maldito sea, no puedo hacer nada y se acerca mi verdugo, dispuesto a darme una somanta palos.










